Viaja

Esta mañana iba hacia el trabajo y hacía un día precioso. Mucho frío pero el cielo estaba totalmente despejado y había un sol radiante. No podía dejar de pensar en que llegaría al trabajo, me metería dentro del edificio y al salir ya sería de noche y me habría perdido un día espléndido por trabajar…

… Esta idea me hizo caer en cuántos días le dedicamos al trabajo. Es fácil, aproximadamente cinco de cada siete (sin contar festivos ni vacaciones) y me quedé aterrado. Suponiendo una jubilación a los 67 años eso son, más o menos,  cuarenta años dedicados a estudiar y trabajar.

Lo primero que se me pasó por la cabeza a continuación es que vivimos en una estafa, que desde que el hombre vive en sociedad dedica mucho más tiempo a trabajar que cuando vivía en cuevas, que sólo tenía que preocuparse de salir, matar un bicho, comérselo y de vuelta a la cueva. Esto me recordó a un profesor que tuve en la universidad, en una asignatura optativa llamada Energía Solar (ESOL), impartida por el profesor Eduardo Lorenzo Pigueiras.
Eduardo nos enseñó a analizar el mundo a través de la energía, y que, generalmente, cuanta más complejidad tiene algo, más energía consume. Nuestra sociedad, y por lo tanto nuestra vida, es mucho más compleja que antes. Un hombre prehistórico salía de su cueva con sus colegas, se iban a por un mamut y, si había suerte, en un rato lo tenían. Puede que alguno muriera si, pero la eficiencia energética de la operación era tremenda, unas cuantas carreras y lanzadas y podía comer toda la tribu durante semanas (o lo que durara la carne). Ahora la rentabilidad es negativa, se necesita un montón de energía para generar los fertilizantes que se ponen en el campo, energía para los tractores, los camiones y todo el resto de máquinas que se emplean en el proceso de cultivar una calabaza y que llegue a la tienda para que te puedas preparar una crema. O, en el caso de la carne, la energía en generar los piensos para alimentar una vaca, llevarla al matadero, transportar los filetes cientos de kilómetros y que puedas tenerla en casa.

Si has llegado hasta aquí pensarás que esta mañana he desvariado un poco en mi trayecto al trabajo, pero todo esto tiene una profunda reflexión. ¿De qué nos ha servido aumentar tantísimo la complejidad de la vida? Nuestros antepasados seguramente fueran felices sin tener un ordenador desde el que escribir en un blog que nadie lee. ¿De qué sirve trabajar 5 días a la semana 8 horas? si con salir todos los días a dar un paseo, coger unas bayas y pescar un poco, podríamos vivir. ¿Hemos sido totalmente estafados por la propia sociedad?¿Toda esta complejidad tiene alguna ventaja? Estaba yo cagándome en todo cuando he mirado el volante y he tenido una revelación: efectivamente el mundo es mucho más complejo, y eso nos hace tener mucho menos tiempo libre, pero en veinte minutos puedo avanzar veinte kilómetros con el coche, y si fuera más tiempo por autopista, podría avanzar a razón de un kilómetro cada treinta segundos. Toda esta complejidad nos permite realizar cosas con las que antes no se podía ni soñar.

Puedo golpear unas teclas de plástico y que impulsos eléctricos viajen desde mi ordenador, a través del aire y de cables hasta un servidor en cualquier parte del mundo dónde se almacenan las pulsaciones, que forman palabras, y cualquier persona de cualquier parte del mundo (incluso china) puede acceder. Puedo coger un avión y estar en cualquier país del mundo en menos de veinticuatro horas. Y lo mejor es que no hay que ser hijo de un rey para poder hacerlo. Solo tenemos una vida, y empleamos mucho, mucho, mucho tiempo en trabajar y, puesto que a casi nadie le queda otra, sólo nos queda aprovechar lo que la compleja sociedad nos ofrece para no vivir una estafa. Si todo el tiempo de más que trabajas no te permite emplear tu tiempo libre mejor que un hombre de las cavernas, a lo mejor quieras cambiar algo en ella.

Mientras todo lo anterior sonaba en mi cabeza un avión apareció por el cielo como una señal. Si hay algo que un cromañon no podía hacer era ver todo el mundo, conocer culturas, ver paisajes imposibles. Así que a partir de ahora voy a intentar aprovechar mucho más mi tiempo libre con todas las posibilidades que la sociedad me brinda.

Estaba pensando cómo acabar la entrada y acabo de darme cuenta de que un buen profesor es aquel que te enseña incluso cuando ya no lo tienes. Eduardo, si por algún casual lees esto, gracias por todo.
Y a ti, que no se quién eres, sólo un consejo. Viaja

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